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lunes, 28 de marzo de 2016

Las alergias primaverales, en el Club de la Buena Gente de 8tvSierra


Hace unos días salió a antena la nueva edición de "El Club de la Buena Gente", el programa con el que colaboro desde hace un par de meses. En esta ocasión, hablamos de las alergias primaverales.


La primavera, aunque algunos días parezca que ya ha llegado, por este invierno tan templado que estamos teniendo, aún no lo ha hecho. Está a la vuelta de la esquina, eso sí, con sus temperaturas marcadamente más elevadas, sus lluvias intempestivas, sus adolescentes con el pavo subido, y sus poetas inspirados.
Y sus alergias. Son muchas las personas que sufren alergias en primavera exclusivamente, debido a la sensibilidad que tienen a pólenes de plantas que están en el aire en esta estación, y que les llegan a través de la respiración; sus organismos las identifican como sustancias extrañas y agresivas a través de su sistema inmunitario, y reacciona contra ellas: en forma de lagrimeo, de picor, de congestión nasal y de garganta, de afonía o, en los peores casos, en forma de crisis asmática.
Hay otras clases de alergias no estacionales, es decir, que ocurren durante todo el año, respiratorias o no: las alergias a los ácaros del polvo, a la humedad, a alimentos, a metales o a medicamentos. Ocurren por el mismo mecanismo, pero no sólo en primavera.
Todas ellas son, finalmente, una clase de reacción inflamatoria de las mucosas del aparato respiratorio, mediada por el mecanismo alérgico, que dan los diferentes síntomas según el órgano al que resulten afectar: conjuntivitis, rinitis, faringitis, otitis media serosa, laringitis o asma. Todas ellas son desagradables, pero por suerte, no suelen ser graves, salvo las crisis asmáticas, que son las que tienen más riesgo de complicarse y necesitar tratamiento urgente, incluso hospitalario a veces.
Estas alergias se diagnostican “por etapas”, por decirlo de alguna forma: primero, se sospechan por la forma en que se presentan los síntomas. A veces parecen un catarro, pero suelen durar más, y no se acompañan de tanto malestar. Suele ser la duración lo que hace acudir al médico, ya extrañados de que “este catarro no se me termina de pasar”. La simple sospecha por los síntomas es suficiente para iniciar tratamiento, si el médico lo considera, para aliviar los síntomas.
A veces es preciso, en caso de dudas, confirmar o descartar el mecanismo alérgico por medio de un análisis de sangre, que se hace en tu centro de salud. No son necesarias radiografías ni ninguna otra prueba agresiva para diagnosticar la alergia.
En caso de asma, es probable que tu médico quiera que te hagas una espirometría, también en tu centro de salud, para valorar la función respiratoria. Es una prueba en la que tienes que soplar por un tubo conectado a una maquinita que hace las valoraciones pertinentes.
Nada más. Ninguna otra prueba es necesaria, ni hace falta saber a qué polen se es alérgico concretamente, salvo que se esté planeando iniciar un tratamiento de vacunas para desensibilización. Estas pruebas ya resultan más agresivas, no todas son inofensivas, y han de hacerse en el hospital.
Esta vacunación y su estudio previo tienen sentido si, para empezar, los síntomas son suficientemente importantes, ya que es un tratamiento caro y prolongado (de 3 a 5 años), y en ocasiones inyectado, para más inri; y no tiene sentido hacerlo si los síntomas que se presentan son leves y se controlan bien con el tratamiento farmacológico.
Vaya, que sería matar moscas a cañonazos.
Lo más habitual, por tanto, es necesitar durante algunas semanas, algún tratamiento que ayude a controlar los síntomas:
Tratamientos locales, es decir, aplicados sobre el órgano que presentan los síntomas: colirios, inhaladores nasales, inhaladores bronquiales en sus diferentes formatos.
Tratamientos orales, en forma de comprimidos (jarabes en el caso de niños pequeños) que reducen la reactividad alérgica: antihistamínicos, a veces son necesarios los glucocorticoides en caso de crisis importante, y cuando hay asma, otros medicamentos como el montelukast.
Otros tratamientos caseros, a base de hierbas o alimentos; o con sustancias poco claras como tratamientos homeopáticos, medicina tradicional china, etc.; o sin sustancias, como el reiki y la reprogramación, en la actualidad carecen de estudios científicos suficientes que avalen su eficacia ni su seguridad, por lo que desde aquí no los recomendamos como sustitutos de los tratamientos médicos occidentales, conocidos y avalados por el método científico, que se han nombrado anteriormente.

Os dejo el enlace, espero que os guste. Os recuerdo que podeis llamar al programa para hacer vuestros comentarios y sugerencias!


sábado, 19 de marzo de 2016

La insoportable levedad del ser...

Voy a apropiarme hoy, para el título de la entrada, del titulo de esta novela de Kundera, sin que nada tenga que ver el motivo con el tema de la tal novela, de relaciones sentimentales en cuarteto en un ambiente políticamente represivo, lo que da lugar a desgranar pensamientos y reflexiones por parte del autor.
Lo que es insoportablemente (A VECES) leve (a veces) es la relación médico-paciente.

Y hoy, porque me parece bien hacerlo asi, esta entrada es para desahogarme. Como ya lo he hecho en otra ocasión anterior. A veces hace falta.

Creo que trabajo mucho, y además, no es por echarme flores, creo que trabajo bien. Es mi opinión de mí misma, y además soy consicente de que es compartida por otras personas.

Pero no es eso, ni tener una carrera como dice el alcalde de Cádiz (¡qué eminencia de hombre!) (ironía on) sino ser persona lo primero, lo que hace que merezca respeto y dignidad no sólo en mi vida personal, sino en mi desempeño profesional.
No me parece que vengamos a este mundo a aguantar, ni me parece que una medicina centrada en la persona nos convierta en esclavos ni en seres desechables a los profesionales sanitarios. Los usuarios tienen derechos, pero también obligaciones.

No voy a tolerar gritos, golpes al mobiliario, carreras, manotazos, amenazas, insultos, desprecios o vejaciones por parte de nadie. Me dan exactamente igual las circunstancias personales de cada uno, yo también tengo las mías. El hecho de estar diagnosticado o diagnosticada de una determinada enfermedad no da a nadie derecho a saltarse las mínimas normas de respeto y convivencia. También me da exactamente igual, y esas personas han de someterse como las demás a las normas de mi consulta.
Por tanto, como cuando el motivo ha sido urgente, he sido la primera en correr y dejarlo todo, cuando te digo que te tienes que esperar, te esperas. Numeritos histriónicos más o menos violentos lo único que van a conseguir, como en esta ocasión, es romper la relación médico-paciente por el otro extremo de la cuerda.

Para que se entienda mejor: no confío en usted. No quiero ser su médico nunca más. Voy a hacer todo lo posible para que se le asigne otro médico de familia. No voy a volvera tutearle, ni a admitirle que usted lo haga, ni voy a volver a atenderle si no es en presencia de un acompañante a menos que peligre seriamente su vida. Si no tengo más remedio que verle en consulta, lo haré de la forma más distante, despreocupada y sucinta posible. En su caso, va a recibir la atención a la que me obliga la legalidad, que dista mucho de ser "la mejor atención posible" como hasta ahora ha sido, y créame que, si yo voy a sentir dejar de comportarme como me gusta hacerlo y creo que debo hacerlo, más lo va a sentir usted.
Desde su despreciable comportamiento, ha tenido el valor de calificarme como "una mierda de médico". No se imagina lo que le queda por encontrar por ahí.
Pero ya me importa lo mismo que yo le importo a usted.

domingo, 6 de marzo de 2016

Aparición en televisión







Bueno, con esta presentación, se inaugira una serie de participaciones por mi parte en el programa "El Club de la Buena Gente" de la cadena comarcal 8Tv Sierra de Cádiz, en las que iremos hablado de diferentes temas relacionados con la salud, espero que os guste! 
Como muchos de mis lectores no pueden ver este programa por su lugar de residencia, desde aqui os la voy compartiendo para que podais comentar y sugerir.
¡Seguro que José Antonio Velasco, como también es seguidor, tomará buena nota de las mismas!

¡Un abrazo!

martes, 1 de marzo de 2016

La dureza de los Cuidados Paliativos

Recuerdo mucho, cuando pienso en esto, una frase de Salvador Casado (que no podré poner en pie tal cual) que decía algo así como que los médicos de familia somos especialistas en lo frecuente (y conocedores de lo infrecuente); y qué hay tan frecuente como la muerte.

La inexorable.

Pero es duro presenciarla, convivir con el dolor de la familia, que intentas paliar, a la vez que el sufrimiento de tu paciente.
Es muy duro. Intentas no pasarlo mal, pero es inevitable un grado de implicación, que es mayor o menor según diferentes factores: cuánto conocías antes a la persona y a la familia, la duración del proceso terminal, la intensidad del mismo en síntomas...

Es satisfactorio cuando crees que lo has hecho bien. Que has dado a esa persona y a su familia lo mejor que podías en sus circunstancias. Otras veces, aun habiéndolo intentado, te queda un pellizquito de frustración si te hubiera gustado que las cosas hubieran sido de otra manera.

Y es agotador psicológicamente cuando ves... que no se acaba.
Apenas se ha enterrado mi último paciente, y ya tengo en la mesa de Paco otro ominoso informe de Anatomía Patológica, de Resonancia, de TAC, de algún especialista hospitalario que, desde consultas o de planta, nos cuenta que pocas alternativas de tratamiento hay para mi paciente.

Y para esto, para aprender a remangarte y empezar de nuevo, no te preparan en la facultad, ni en la residencia, ni en ningún libro, taller o curso. Te cuentan que eso existe, que le pasa a uno o una, pero aprendes haciéndolo. Sí, aprendes. Pero no te acostumbras.